Al ver con los propios ojos al adorado Gurú Verdadero parecido a Dios, el devoto Sikh del Gurú Verdadero adquiere el conocimiento divino. Al enfocar la mente en la visión del Señor Guru, uno se libera de observar las alegrías mundanas.
Cuando el sonido del Naam Simran entra en los oídos, la capacidad de concentración del discípulo de un Guru se aleja de otros sonidos y modos. La fragancia de las palabras del Gurú es tan sobrenatural que las fosas nasales se liberan de todos los demás olores.
La lengua del practicante de la meditación queda absorta en el placer del Naam Simran y se despoja de todos los demás gustos mundanos. Las manos, cuando pueden tocar y sentir al Señor intocable, se liberan de las impresiones de tocar cosas mundanas.
Los pies de una persona orientada al Guru caminan hacia el sendero del Verdadero Guru. Dejan de viajar o de ir en otras direcciones. Para él su único deseo de encontrar al amado Señor es único y maravilloso. (279)