El discípulo sirviente del Gurú lleva al médico a todos aquellos que padecen dolencias físicas, psíquicas o mentales, como verdadero Gurú.
El Verdadero Gurú borra su ciclo de reencarnación al lanzarles una mirada clemente de gracia. Él los libera de toda psicosis de muerte y así alcanzan un estado de valentía.
Al brindar apoyo a todos aquellos que acuden a su refugio, al consagrarlos con la práctica de la meditación y al impartirles conocimiento divino, les proporciona la medicación del Naam y la moderación.
Y así, las personas enfermas se deshacen de la red de ritos y rituales que controlan la mente errante para disfrutar de falsos placeres. Luego permanecen en disposición estable y adquieren un estado de equilibrio. (78)